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En un cruce entre la espiritualidad y la denuncia, el colectivo Sororidad y Fe ha llevado a escena una propuesta que busca desarmar las normas invisibles que oprimen a muchas mujeres en los espacios religiosos. “La rota virtud” no es solo una obra de teatro; es un biodrama que entrelaza las voces de Mariana y Débora, dos mujeres evangélicas, para exponer las tensiones entre la fe, la opresión y la búsqueda de una espiritualidad más libre y justa.

Desde su formación en 2019, este colectivo de mujeres y disidencias autoconvocada trabaja para recrear sus experiencias fe desde una perspectiva feminista. Conversamos con algunas de sus protagonistas sobre el origen de este proyecto y el impacto de cuestionar el sistema patriarcal desde adentro a través del teatro.

 

Un biodrama basado en historias reales

1. ¿Cómo nació la idea de la obra? ¿Por qué ‘La rota virtud’?

La obra de teatro nace a partir de pensar con el grupo de Sororidad y Fe de Buenos Aires cómo podíamos hablar en las iglesias sobre la violencia contra las mujeres y la violencia religiosa, a través de una puesta artística, porque el arte, de alguna manera, posibilita que podamos comunicarnos con otras personas desde un lugar tal vez más sensible, sin vergüenza y esperando tener del otro lado una escucha amorosa.

En ese mismo tiempo, con otra compañera y amiga del Colectivo, vimos la obra de teatro La Memoria Futura: las voces de las abuelas’, que trata de una puesta teatral que lleva adelante un colectivo de actrices donde narran historias de Abuelas de Plaza de Mayo. Cuando la vimos dijimos: “esto tenemos que hacer con Sororidad y Fe, tenemos que contar nuestras historias de vida como mujeres evangélicas”.

Queríamos contar nuestra realidad, nuestras historias y no algo ficcionado, usando como base los relatos surgidos de nuestros Talleres de Escritura Creativa realizados en diferentes ciudades del país. Con respecto al nombre de la obra, la virtud en la mujer es algo que el relato bíblico trae fuertemente. Se trata de una escala de valores, actitudes, actos y formas que la mujer tiene que encarnar. Entonces: ¿qué pasa con la mujer que no cumple con todos esos requisitos? ¿no es virtuosa? ¿su virtud está a medias? ¿Está rota? La Rota Virtud entonces nos lleva a pensar qué pasa con nosotras las que no cumplimos con ese ideal de mujer.

Repercusiones y nuevas herramientas para la reflexión

2. ¿Cuál es el público que tenían en mente al imaginarse la obra? ¿Cuáles fueron algunas de las repercusiones?

El primer público que pensamos fueron mujeres que son parte de la iglesia o que en algún momento de su vida formaron parte de espacios religiosos. Después, en las presentaciones, nos dimos cuenta de que el público que se acercaba era diverso y que también se identificaban y sensibilizan varones y personas de otras religiones o sin profesar ninguna.

Las repercusiones fueron muy buenas, luego de la primera presentación varias personas se acercaron y nos invitaron a compartir la obra en sus iglesias. De hecho, la segunda presentación de la obra fue en un culto de domingo por la mañana en una Iglesia Evangélica Bautista. Cantamos, compartimos el pan y el vino, y en el momento de la prédica se presentó la obra. Fue un momento hermoso. También pudimos compartirla durante un campamento de verano con personas en su mayoría cristianas de diferentes lugares y edades del país.

“La obra es excelente: actuaciones potentes, una puesta en escena simple pero cargada de sentido, que da fuerza al mensaje. Y una verdad que atraviesa, que se encarna en el cuerpo y la voz de las actrices (que también crecieron en espacios de fe). Lo que dicen, lo habitan. Lo sostienen con una intensidad que conmueve hasta las lágrimas. No solo narran: encarnan”. -Cuenta Lujan Farfán.

 

Ver esta recepción nos llevó a elaborar un cuadernillo de trabajo para profundizar en el tema. La idea es poder dejar en las iglesias o los grupos donde presentamos la obra un material para que se siga profundizando sobre la temática de violencia religiosa contra las mujeres.

Habitar la frontera entre el feminismo y la fe

3. ¿Cómo se vive el ‘criticar sin dejar de ser parte’? ¿Cómo habitan ese entre-medio?

Bueno, como se vive siendo feminista en este sistema patriarcal. De la misma manera, somos feministas en un trabajo donde los hombres tienen mejores sueldos y puestos, donde los reconocimientos académicos se los llevan más frecuentemente los varones, donde en nuestras familias se nos asignan las tareas de limpieza y cuidado. Digo, la iglesia como cualquier otra institución de la sociedad está atravesada por el machismo y las lógicas patriarcales. Cualquier mujer que reclame por sus derechos se va a sentir conflictuada, porque vamos contra el sistema establecido.

Por supuesto que hay ámbitos donde se hace más difícil, y creo que la iglesia es uno, porque además de lo cultural, está la cuestión espiritual, y el uso de los textos bíblicos como justificación o invisibilización de la violencia. Para muchas de nosotras “criticar la iglesia” implicó un destierro, por ponerlo de algún modo, tener que irnos de ese espacio porque se nos hacía difícil seguir perteneciendo sin sentirnos juzgadas o siendo “cristianas de segunda”. Gracias a Dios existen espacios de fe donde se puede hablar de teologia feminista o donde se empiezan a hacer preguntas y cuestionar ciertas normas e interpretaciones. Podemos hacer eso sin abandonar nuestra fe.

Gracias a Dios existen espacios de fe donde se puede hablar de teología feminista o donde se empiezan a hacer preguntas y cuestionar ciertas normas e interpretaciones. Admiro a las compañeras que siguen dando la lucha desde adentro, en espacios a veces más conservadores, porque creo que la iglesia está llena de personas con mucho amor que fueron formadas desde una teología severa y rígida, que muchas veces los oprime primero a ellos.

Un mensaje para las mujeres de fe en este 8M

4. Pensando en el 8M, ¿Cuál es el mensaje que quisieran transmitir a aquellas mujeres que hoy se sienten en conflicto dentro de sus espacios de fe?

Lo más importante es que no están solas. Muchas de nosotras hemos sido tratadas de locas o herejes, nos han amenazado con el infierno. Y hemos aprendido y estamos convencidas de que Jesús vino para que todas las personas tengamos una vida plena y abundante y eso significa que vino a romper también con las estructuras opresoras e injustas del patriparcado. El evangelio es, ante todo, amor y la equidad de género (que es lo que reclama principalmente el feminismo) tiene que ver muchísimo con un evangelio inclusivo y amoroso. También las animamos a que lean sobre teología feminista con otras amigas, hermanas y que también, si andan cerca, vengan a ver el biodrama.

5. Quisieramos terminar con la pregunta inicial que entiendo les deben hacer en muchas entrevistas: ¿Entonces se puede ser cristiana y feminista?

Te contesto con una repregunta que una mujer hizo después de ver el estreno de la obra: en vez de preguntar si se puede ser cristiana y feminista, empecemos a preguntarnos si está bien ser cristiano y machista.


Ficha Técnico-Artística:

  • Dramaturgia: Verola Baez
  • Dirección: Julieta Maisonnave
  • Actúan: Aluminé Kwist y Lorena Villella
  • Iluminación: Lailén Yamile Alvaréz
  • Diseño Gráfico: Estudio dosRíos
  • Fotografía: Carolina Zambrano
  • Entrevista y edición: Jano D’Amico
  • Idea y Producción: Colectivo Sororidad y Fe

 


 

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