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Por Franz Hinkelammert

 

Las crisis de la deuda

 

Hasta ahora hemos hablado de desequilibrios provocados e inauditamente reforzados por el mercado de mercancías: la exclusión de la población, la subversión de las relaciones sociales y la amenaza a la naturaleza. Se trata de desequilibrios de la vida real. Pero también aparecen desequilibrios en relación al mercado mismo que refuerzan de manera inaudita los desequilibrios de la vida real mencionados. El desequilibrio más importante en este sentido resulta de los procesos de endeudamiento.

 

Hoy nos encontramos de nuevo en uno de estos procesos de endeudamiento que esta vez se refiere sobre todo a los países europeos. El endeudamiento llega a un tamaño tal que se hace impagable para los países más endeudados. Este hecho de que la deuda se hace impagable es precisamente el negocio de los bancos. Para las burocracias privadas de las empresas grandes y de los bancos se trata de la gran chance. Los países endeudados ahora son pillados sin la más mínima posibilidad de defenderse. Todo lo que resulta interesante para el capital ahora es vendido a precios mínimos. Sin embargo, las deudas no bajan, sino que muchas veces aumentan. Los económicamente más potentes de los países afectados tienen participación en este negocio, aunque sea solamente como socios menores. El país que no puede pagar, tiene que pagar por lo menos lo que puede perdiendo así su independencia. Si se da un límite al endeudamiento, este límite aparece porque se puede pillar solamente lo que hay. Se hace el cálculo de la mafia cuando calcula el protection money. Sacará lo más que se puede, pero tampoco demasiado para que se pueda seguir robando en el futuro. Los países endeudados pierden su autonomía y los bancos maximizan – como actores “racionales” que son – su protection money.

 

Hemos tenido una situación de endeudamiento parecido en los años ochenta en América Latina. Los ajustes estructurales que se impuso a estos países, llevaron al pillaje de todo un continente. El estado social fue disuelto en gran parte y se privatizó lo que se podía privatizar. Se produjo una inaudita miseria de las poblaciones y una destrucción de la naturaleza más grandes que en cualquier época histórica anterior. El endeudamiento era  la palanca que hizo posible someter toda América Latina a la estrategia de globalización, que es ciega y jamás da razones.

 

Los mismos ajustes estructurales son hoy impuestos a los países endeudados de Europa, pero los imponen esta vez los propios Estados de Europa, que lo hacen porque el capital tiene el poder de imponer esta política a estos mismos Estados. Las crisis de la deuda se transforman en gigantescos procesos de expropiación, que conforman una especie de acumulación originaria que acompaña toda la historia del capitalismo.

 

No quiero intentar presentar lo que podría ser la solución. Quiero más bien presentar el hecho de que en nuestra historia hay un caso, en el cual se solucionó una crisis de endeudamiento de una manera tal que se evitaba desatar estos procesos de destrucción. Eso ocurrió en el caso de la crisis de endeudamiento que resultó al fin de la II Guerra Mundial. Una crisis de la deuda comparable había ocurrido después de la I Guerra Mundial. Sin embargo, en este caso no se buscaba una solución, sino que se impuso sencillamente pagos máximos sin considerar siquiera las consecuencias destructivas resultantes.  Esta ceguera dogmática ha sido una de las razones principales para el posterior éxito del Nazismo en Alemania, que llevó a la II Guerra Mundial. Ya Keynes, que había participado en las negociaciones de paz de Versailles en 1919 advirtió sobre el peligro de un desarrollo de este tipo como consecuencia de la actitud de los ganadores en su libro sobre estas negociaciones en Versailles.

 

El tratamiento de la crisis de la deuda después de la II Guerra Mundial ha sido muy diferente. Hasta se puede decir que era muy razonable y acertado. Quiero brevemente sintetizar esta política, para discutir posteriormente por qué ha sido posible después de la II Guerra Mundial y por qué hoy no se saca ningún aprendizaje de esta experiencia. Al contrario, ni se menciona esta experiencia.

 

En su esencia se trataba de las siguientes medidas que se aplicaban coordinadamente:

 

  1. Se partía de una anulación casi completa de todas las deudas de Europa Occidental inclusive Alemania. Se la dio en parte como moratoria de largo plazo. Durante el tiempo de estas moratorias sobre las deudas no pagadas no se calculaba intereses. Eso se fijó en el acuerdo de Londres sobre las deudas en 1953.

 

  1. Encima de esta postergación del pago se dieron nuevos créditos sin intereses y sin devolución a largo plazo. Se trata de los créditos del plan Marshall. Se transformaron en los países receptores en revolving fonds.

 

  1. Se fundó una Unión Europea de Pago para evitar el surgimiento de nuevas relaciones de endeudamiento entre los países europeos incluidos. Los desequilibrios de la balanza comercial entre estos países no fueron financiados por créditos comerciales. Los saldos positivos de los países más exitosos financiaro los déficit de los otros países sin cobrar intereses.

 

  1. Altos impuestos sobre los ingresos de capital y los altos ingresos en general. Impuesto de herencia, de  las propiedades.

 

  1. Se fundó el Estado social. Aumentaron significativamente los gastos sociales en lo que se llamó después el Estado de bienestar. Eso después también se llamaba el rostro humano del capitalismo.

 

Ese es el núcleo de esta política muy razonable que ha tenido un éxito considerable. Sin esta política, la recuperación económica de Europa habría demorado mucho más.

 

La pregunta que tenemos que hacernos es la siguiente: ¿por qué era posible esta política después de la II Guerra Mundial y no después de la I Guerra Mundial? Y la otra pregunta: ¿por qué era posible esta política después de la II Guerra Mundial, sin embargo, es imposible frente a la actual crisis de la deuda y no era posible tampoco en los años 80 en América Latina?

 

La razón debe ser clara. Estaba empezando la guerra fría en relación con la Unión Soviética y había partidos comunistas muy fuertes sobre todo en Francia e Italia. El sistema capitalista parecía amenazado en su propia existencia.

 

El sistema percibió el peligro y por eso reaccionó como un sistema global. Eso llevó a medidas completamente incomprensibles desde el punto de vista de la lógica del capitalismo, pero se hacen comprensibles como medidas de guerra en la guerra fría. En este sentido se trataba de una economía de guerra que interrumpió la lógica del capitalismo en el interior mismo de este capitalismo. Inclusive los altos gastos sociales desde el punto de vista del poder económico eran gastos de guerra, en el fondo, dinero botado que había que gastarlo sencillamente por la razón de que había que ganar una guerra.

 

El hecho de que se trata efectivamente de costos de guerra se ve también en  que los Estados Unidos renunció al pago de las deudas de la guerra en relación con los países de Europa occidental, pero no al pago de las altas deudas de guerra de la Unión Soviética del Lend-Lease-Act de 1941 – alrededor de 10 mil millones de dólares. Se quería hacer negocio “as usual”. Cuando la Unión Soviética rechazó esta exigencia, se la denunció por incumplimiento de contrato.

 

Estas medidas tomadas limitaron extraordinariamente el poder de la banca y su negocio con la miseria de las poblaciones. Efectivamente renunciaron y hasta participaron en la planificación de estas medidas para salvar el sistema. No lo hicieron para tomar en cuenta las necesidades de la población.

 

Efectivamente, sin estas medidas habría resultado algo posiblemente inclusive peor de lo que pasó después de la I Guerra Mundial.

 

Eso demuestra muy bien que los banqueros, pero también los políticos, saben muy bien la catástrofe perfectamente innecesaria que origina su política de cobro ciego de la deuda y que igualmente saben muy bien cuál sería la efectiva y además humana solución de una crisis de la deuda. Escogen conscientemente el crimen implicado en la imposición del pago indiscriminado.

 

Sin embargo, hoy no ven ninguna razón para medidas de este tipo, porque no hay una resistencia correspondiente. Tampoco vieron ninguna razón para tales medidas durante la crisis de la deuda de los años 80 en América Latina y en el tercer mundo. En el tiempo de Reagan se decía eso en los Estados Unidos muy abiertamente: ¿para qué seguir botando el dinero y botar las perlas a los chanchos, si el peligro para el sistema ya pasó? Y nuestros medios de comunicación nos presentan eso todos los días.

 

Los banqueros y los políticos saben hoy igualmente muy bien las catástrofes sociales que están produciendo, pero no ven la más mínima razón para limitar el negocio que se está haciendo con la miseria de las poblaciones y de la naturaleza. La prueba para el hecho que todo eso también se ve hoy, está en el hecho de que se veía eso perfectamente después de la II Guerra Mundial, pero casi nadie habla. Sacrificamos vidas humanas y realizamos grandes genocidios y lo sabemos en nuestro subconsciente. Los economistas inventan cualquier cosa para tener pretextos y para eso son pagados. Todos saben, pero casi todos respetan el tabú tan bien guardado alrededor de estos genocidios.

 

Lo que ha sido la solución después de la II Guerra Mundial, es en la historia del capitalismo absolutamente único. Las crisis de la deuda  son un negocio demasiado bueno para renunciar a él, a no ser que resulte inevitable renunciar a este negocio para asegurar la propia existencia del sistema. Cuanto peor la crisis de la deuda, mejor el negocio que ofrece cuando resulta que un país ya no puede pagar. En este caso, al prestamista le pertenece todo lo que hay en el país. Lo podemos ver hoy en Grecia, donde está en camino un genocidio económico de este tipo. Eso se va a extender a muchos países más. Al final llega hasta a los países dominantes, porque el poder económico quiere también un pillaje del propio país de la misma manera como antes en países extranjeros. Estados Unidos ha progresado más en este sentido, pero también Alemania tendrá exactamente lo mismo después de haber acabado con los otros países de Europa.

 

Si todo eso no es suficiente, los gobiernos de los países poco endeudados tienen que respaldar las deudas de los otros para que no quiebre la banca y pueda seguir haciendo su aporte para el “progreso”. Sin embargo, nos acercamos a un nivel donde de repente ni la totalidad de todos los gobiernos puede  respaldar estas deudas. Cuando se puede pagar las deudas solamente con nuevas deudas, la deuda total crece sin ningún límite con la velocidad de la progresión del interés compuesto. Devoran todo. Inclusive los Estados Unidos se encuentran hoy en un automatismo tal de la deuda cuyo final nadie puede prever.

 

Sin embargo, las medidas que se están tomando son exactamente lo contrario de lo que se hizo frente a la crisis de la deuda después de la II Guerra Mundial, pero ni se discute este hecho. Proponer hoy reaccionar al la actual crisis de la deuda de la manera como se lo hizo después de la II Guerra Mundial – por supuesto, sin copiar mecánicamente – es considerado algo de locos, además de extremista. Quien rechaza estos genocidios económicos es considerado extremista, y quien los apoya, es moderado y realista en  nuestra sociedad hipócrita.

 

Para nosotros desde el punto de vista de esta nuestra sociedad hoy está claro: el capitalismo ya no necesita un rostro humano y por eso todos los gastos sociales y todas las consideraciones de una humanización de la sociedad significan dinero botado.

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